“En la universidad del alma las materias a estudio se llaman luz y oscuridad y sólo alcanzará su licenciatura el que sea capaz de mantener la calma, la comprensión y la sonrisa en presencia de cada una de ellas. Una es tan importante como la otra y ambas son sagradas y se necesitan mutuamente. También el momento presente, el ahora, es sagrado y nuestro espíritu ha de aprender la lección que cada instante trae consigo. Si es de día, será la lección de la luz. Si es de noche, la de la oscuridad. Opuestos o complementarios, ¿qué más da? Lo que vivimos en el eterno ahora es lo que cuenta, sea claro o sombrío. En el presente no hay más que lo que hay. Si claro, luz, si negro, oscuridad. Hay excesos en lo luminoso y magníficas lecciones en lo oscuro. Acepta lo que viene y mantén tu centro con una sonrisa y un sentimiento unificador en el corazón. Toda nuestra vida es un sinsentido porque tenemos la energía invertida en daños, traumas infantiles, separaciones, muertes y dolores que absorben nuestra vitalidad y nos drenan de poder personal. En realidad es más bien como si después de haber pagado el precio del desafío de la sombra oscura, después de haber podido mirar cara a cara al guardián del umbral sin perder la calma, nos fuera devuelto el poder que durante tanto tiempo habíamos invertido en evitarlo”.

Miyo

Aquella luna, nunca vista por el sol en sueños ha vuelto. RUMI

La interpretación de los sueños ha sido siempre una parte importante de la tradición sufí. Los primeros manuales sufíes contienen apartados sobre los sueños, que ofrecen una diferenciación entre los sueños “verdaderos” y “falsos”, siendo estos últimos aquellos sin
valor psicológico o espiritual. Los “sueños verdaderos” son los que ofrecen una guía. Tradicionalmente, los sueños son interpretados por el sheikh o por el representante del sheikh. El sufí del siglo XII Najm ad-dîn Kubra acentuó la importancia de los sueños y de su interpretación, incluyendo en las reglas del camino, además de “silencio constante, retiro constante y recuerdo de Dios constante”, “dirección constante de un sheikh que
explica el significado de los sueños y visiones”.

En la tradición sufí Naqshbandi, el trabajo con los sueños ha sido siempre importante. Bahâ ad-dîn Naqshband, el fundador de la orden, era un renombrado intérprete de sueños, y al parecer no tomaba a nadie como discípulo hasta que tuviera un sueño que lo confirmara. Él también subrayó el valor del diálogo en grupo. “El nuestro es el camino del diálogo en grupo”, decía.

Los sueños nos cuentan nuestra historia, cómo se desarrolla el sendero dentro de nosotros. Cuando compartimos un sueño, se le presta atención a la singularidad de nuestro propio sendero. Y escuchando los sueños de otros, podemos ver cómo para cada uno de nosotros el viaje del alma es diferente y requiere cualidades diferentes.

Trabajando con los sueños, se aprende a leer las señales del camino, a escuchar con un oído sintonizado con la música del sendero, con la frecuencia del alma. Descubrimos lo que necesitamos saber, desciframos el paso siguiente que necesitamos dar. Nuestros sueños describen el proceso interior del sendero, el trabajo espiritual y psicológico que se está desarrollando. El sendero Naqshbandi ha tenido siempre un marcado elemento psicológico. La mayor parte del trabajo de purificación es psicológico, e implica tanto la
confrontación con la sombra como otros procesos psicológicos. En los primeros años del sendero, el foco se encontrará a menudo en este trabajo psicológico interior, la transformación alquímica del nigredo, nuestra sombra, los aspectos rechazados y desconocidos de nosotros mismos. Tendremos sueños sobre nuestra oscuridad y nuestros miedos, de figuras aterradoras que nos persiguen por calles oscuras, de monstruos escondidos en sótanos. Trabajando con estos sueños, aprendemos cómo aceptar y amar nuestra oscuridad. Nuestros sueños revelan lo que está oculto dentro de nosotros, la belleza y el terror. Y dentro de la oscuridad de nuestra sombra, llegamos lentamente a ver la luz del Yo Superior, la perla de gran precio oculta en las profundidades.

Más profundos que los sueños psicológicos son los sueños espirituales, que nos hablan con las antiguas imágenes del sendero, los racimos de uvas que representan enseñanza espiritual, el vino del Amado que embriaga al sufí. O, como en el sueño de una habitación llena de hombres mayores que cardaban lana, se le cuenta al soñante el proceso según el cual se dice que eres un sufí cuando tu corazón es tan suave y tan cálido como la lana. Lo más profundo del alma conoce estos símbolos, aunque son poco familiares para nuestras mentes contemporáneas, y nos recuerdan el antiguo camino que estamos recorriendo. Pero el trabajo con los sueños no supone solamente interpretarlos, descubrir qué significa el sueño. El trabajo con los sueños es un diálogo, una conversación entre el soñante y el mundo del sueño. Mediante este diálogo, nos conectamos con una parte de nosotros mismos que el mundo exterior a menudo rechaza y menosprecia. Con nuestros sueños volvemos a conectarnos con el alma, tal y como nos habla en la antigua lengua de imágenes y símbolos. Y cuando compartimos sueños en un grupo de meditación, los corazones de otra gente oyen este diálogo y lo valoran dentro de un espacio sagrado. Esta es una importante afirmación del sueño y del alma que nos habla por medio de nuestros sueños.


Creo que todos somos parte del Espíritu de Dios y el Espíritu de Dios habita dentro de todo lo que vive. Para comprender el concepto del Camino del Nativo Americano es preciso volver a definir la palabra Medicina. Medicina es cualquier cosa que mejora tu conexión con el Espíritu de Dios, con el Gran Misterio de la vida y con toda la vida.

Lin Ekstam



Tomar de la Vida un sorbo de Luz...
Un entonado y saliente canto a la vida que se produce en todo momento e imaginado que sean nuestras mentes y nuestros corazones...
Traer y soltar...!
Mantener y sabotear...!
Luz que traga la oscuridad por momentos y oscuridades que tragan la luz por instantes...
Alzar la Voz en el viento mas cercano.., traer el impulso de las nubes y soñar que vagamos por un mundo delicado y fragmentado en delicadas capas de átomos tan finos y sutiles que ni siquiera podemos verlos con el ojo de la magia divina...
Aquellos tiempos donde el sol se ponía y otro sol salía al mismo tiempo.., donde no existía la noche temblorosa y doliente que hoy nos abisma con su locura.., días aquellos donde el monte solía cantar sus sueños, donde la tierra, caminaba junto a ti, mostrandonos el camino de vuelta...
Días aquellos, sueños profundos, y cantos de mis Ancestros que hemos olvidados.........
Profundo y lamentos que hoy día me traga y me recuerda en el corazón...!
CANTO A LA HUMANIDAD...!!!
CANTO A MIS ANCESTROS...!!!
CANTO A TODO SER VIVO...!!!




El mundo de los sueños es un mundo de puro sentimiento en el que aprendemos a penetrar en lo desconocido y a liberar cierta sabiduría inconsciente, que actúa como complemento de nuestra conciencia en la vida ordinaria.
No podemos seguir rechazando como basura incomprensible la tercera parte de nuestra vida que dedicamos al sueño. Se hace necesario acabar con la rutina oniríca, despertar al soñado, crear sueños conscientes e incluso utilizar la ensoñación como puerta de paso hacia otras dimensiones más sutiles de la conciencia.
Sólo a través del silencio mental en la meditación profunda, del viaje del alma, de la ensoñación lúcida, del éxtasis amoroso o de la contemplación extática, podemos penetrar de una vez en los mundos del nagual que son nuestra verdadera herencia espiritual desde el principio de los tiempos.
Miyo

Comprender la Función Principal de la Mente

Cuando examinamos con detenimiento la enseñanza de las Cuatro Noble
Verdades, descubrimos la importancia primordial que tiene la consciencia,
o la mente, en la determinación de nuestras experiencias de felicidad y
de sufrimiento. Desde la perspectiva budista, existen diferentes niveles de
sufrimiento. Está, por ejemplo, el sufrimiento que es obvio para todos nosotros,
es decir, las experiencias dolorosas. Todos somos capaces de reconocerlas
como sufrimiento. Un segundo nivel de sufrimiento incluye lo que
se define comúnmente como sensaciones placenteras. En realidad, las sensaciones
placenteras son, también, sufrimiento porque tienen en ellas la semilla
de la insatisfacción. Hay, asimismo, un tercer nivel de sufrimiento
que, en la terminología budista, se llama sufrimiento penetrante del condicionamiento.
En cierto sentido, se puede decir que este tercer nivel de sufrimiento
viene dado con la simple realidad de existir como seres ignorantes
y propensos a las emociones, los pensamientos y las acciones kármicas
negativos. El mismo hecho de estar vinculados a las emociones negativas y
al karma es una fuente de sufrimiento y de insatisfacción.
Si contemplas los distintos tipos de sufrimiento, encontrarás que, en última
instancia, todos ellos están enraizados en el estado de la mente. De
hecho, el estado indisciplinado de la mente es una experiencia de sufrimiento.
Si miramos el origen del sufrimiento en los textos budistas, en9
contramos que, aunque leamos sobre el karma, la acción y el engaño que
propulsa o motiva la acción, estamos tratando con acciones cometidas por
un agente. Debido a que hay un motivo detrás de la acción, el karma puede
comprenderse en última instancia en términos de un estado mental, un
estado mental indisciplinado. Del mismo modo, cuando hablamos de los
engaños que impulsan a uno a actuar de forma negativa, estamos hablando
también de un estado mental indisciplinado. Por consiguiente, cuando
los budistas se refieren a la verdad del origen del sufrimiento, están refiriéndose
a un estado mental que es indisciplinado e indómito y que da origen
a un estado de ignorancia y sufrimiento. En su sentido último, el origen
del sufrimiento, la causa del sufrimiento y el sufrimiento propiamente
dicho sólo pueden comprenderse en términos de un estado mental.
La cesación del sufrimiento sólo puede estar asociada a un ser sentiente,
a un agente, a la consciencia. No podemos hablar de la cesación del sufrimiento
de un objeto inanimado, como un cazo o una mesa, etc. Las enseñanzas
budistas describen la cesación del sufrimiento como el estado
más elevado de felicidad. Pero esta felicidad no ha de ser comprendida en
términos de sensaciones placenteras; no estamos hablando de felicidad a
nivel de sentimientos o de sensaciones. Nos estamos refiriendo, más bien,
al nivel más elevado de felicidad, que está constituido por la libertad total
del sufrimiento y del engaño. De nuevo, se trata de un estado mental, un
nivel de realización espiritual.
En última instancia, para comprender nuestra experiencia de sufrimiento
y dolor y el camino que conduce a la cesación, las Cuatro Nobles
Verdades, tenemos que comprender la naturaleza de la mente.