LA COSECHA DEL SOL

- Las Máquinas Humanas. La Cruda Realidad de la Existencia. La Creación de Hombres Solares. La Preparación del Mercu­rio. Los Colores de la Alquimia. Los Cuerpos Solares. El Hombre Causal. El Hombre Solar.—

Estamos aquí para estudiar: ustedes para escucharme, y yo para hablar.

Ciertamente, saber escuchar es algo muy difícil; más fácil es saber hablar. Cuando se escucha, por lo común inter­viene un traductor dentro de nosotros que es el Yo, el Ego, el Mí mismo, el Sí mismo, y todo lo traduce de acuerdo con sus propios conceptos, ideas, opiniones, etc, etc., etc.

Así que, saber escuchar no es tan fá­cil. Ante todo se hace necesario comprender que hay algo en nosotros que está más allá de lo meramente físico.

Tenemos un cuerpo de carne y hue­so, eso es obvio, y cualquiera acepte esa realidad, pero muy pocos comprenden que tenemos una sicología susceptible de modificación. Hay necesidad de com­prenderlo si es que en realidad de verdad deseamos transformarnos.

Quienes aceptan que tienen una sicología, de hecho comienzan a auto-observarse. Cuando alguien se auto-obser­va, es señal de que intenta transformarse. Nosotros necesitamos transformarnos.

La vida así como está, en realidad de verdad, no es muy atractiva: nacer, crecer, decrecer y morir; se vuelve dema­siado aburridora. Trabajar terriblemente para existir y existir en una forma mise­rable, no tiene caso. No solamente exis­ten en forma miserable las gentes que tienen dinero, sino también las gentes que no lo tienen.

Hay dos maneras de revolcarse entre el lodo: algunos se revuelcan entre el lodo de la miseria, y otros se revuelcan entre el lodo de las riquezas; todo es desolador.

Así que, vivir por vivir, existir así porque sí, sin saber por qué, ni para qué, no tiene la menor importancia.

¿Qué es lo que somos? ¿Con qué objeto existimos? ¿Para qué vivimos? ¡Tantos afanes! ¿Y al fin qué?

Cada uno de nosotros es simplemente una máquina encargada de transformar energías.

Sucede que las energías de los Sie­te Planetas, energías planetarias del Sistema Solar, no pueden pasar así porque sí al interior de la Tierra, debido al hecho mismo de que nuestro planeta es diferen­te: es un mundo gobernado por cuarenta y ocho leyes, un mundo completamente distinto a los otros mundos del Sistema Solar.

Miradas las cosas desde este punto, es claro que necesita este Sistema Solar en general, de canales para que la energía Cósmica o Universal, pueda pasar única­mente. Se necesita que se transforme mediante los mismos canales. Sólo una energía transformada y adaptada fuera del organismo del Planeta Tierra, podría ser útil al mismo.

Téngase en cuenta que la Tierra es un organismo vivo, que necesita exis­tir, que tiene necesidad de las energías Cósmicas de la existencia, de las energías Cósmicas para vivir. Así como nosotros tenemos necesidad de tener energías para existir, así la Tierra nece­sita energías para vivir; es un organismo. Pero las energías que recibe la Tierra para que pueda existir, vienen de otros planetas del Sistema Solar, repito, pero como nuestra Tierra es tan distinta a los otros planetas, se necesita que esa energía se transforme para que pueda alimentar al planeta Tierra. Y no podría transformarse si no existiesen canales por donde la energía pasase.

Afortunadamente esos canales exis­ten, están constituidos por la vida orgá­nica que como fina película, el Logos ha establecido en la costra terrestre: es pues, la delgada película de la vida orgánica vegetal, animal, humana; es necesaria para que las energías puedan transformarse y pasar al interior de la Tierra. Sólo así podría existir la Tierra, de lo contrario, no podría existir como organismo vivo.

Nosotros los seres humanos somos simplemente máquinas por donde la ener­gía cósmica debe pasar. Cada uno de nosotros recibe ciertas cargas de elec­tricidad y magnetismo que luego trans­forma inconscientemente y retransmite automáticamente al interior mismo de la Tierra; para eso existimos.

¡Tantas amarguras para que la Tierra exista, para que esta mole plane­taria gire alrededor del Sol, y nosotros que nos creemos tan grandes, y realmente no somos más que simples maquinitas transformadoras de energías! Y el motivo de nuestra existencia es ése. Para que esta mole planetaria exista, debemos conti­nuar nosotros; trabajar para comer y poder vivir, existir para la economía de la naturaleza.

A ella no le importa qué ideas ten­gamos, qué creencias; a ella lo único que le interesa es recibir el alimento correspondiente, el alimento energético que debe pasar por nuestros cuerpos; eso es todo.

Nosotros vivimos riñendo en las ca­sas, en las calles, o en los campos de batalla; sufriendo bajo el tacón de un tira­no en la fábrica, posiblemente el de la oficina; pagando nuestros consabidos impuestos para poder figurar como ciu­dadanos; Pagando una renta para que no nos pongan de patitas en la calle, etc., y todo para que esta mole pueda existir, para que este planeta pueda for­mar parte del concierto de los mundos, para que pueda palpitar y tener existencia.

¡Tantas madres que sufren! ¡Cuán­tas más adolecen de falta de alimento, algunas ni siquiera tienen la leche para sus criaturas! ¡Cuántos ancianos con sus consabidas experiencias! ¡Cuántos niños que empiezan a recibir regaños! En fin, todo para que una mole planetaria exista.

Es un poco duro esto, un poco cruel, - diría yo -, despiadado; y eso somos, nada más que eso. Si siquiera fuéramos seres humanos, algo sería; pero ni eso. Los pobres animales intelectuales car­gando la pena de vivir, eso es lo que so­mos. Parecería muy pesimista por aque­llo de que contrasta.

Recordemos las famosas pachangas, y reímos ante la copa, etc., y nos parece que la vida tiene momentos felices y es que no sabemos nosotros entender lo que es felicidad: confundimos a los instantes de placer con la auténtica y legítima felicidad. Obviamente marchamos por caminos equivocados, y ¿qué queda después del hastío, del pla­cer? Únicamente el desengaño, la decep­ción.

¡Cuántas veces se casa un hombre que cree que adora a una mujer! ¡Una mujer que cree que ama a su hombre! ¡Se casan! Más en realidad de verdad estaban auto-fascinados, no se amaban; Creían que se amaban, mas no se ama­ban; Ellos pensaban que se amaban. Lo que sucede es que se confunde el Amor con la pasión. Satisfecha la pasión mera­mente animal, lo único que queda en la pareja que tanto se adoraba es el asco, el hastío, la decepción, y eso es todo. De allí en adelante, la cosa es rutinaria; solamente se habla de Cuenta de Banco, de la renta, de la ropa que está sucia y hay que lavarla, que necesitamos un carro para salir al trabajo de cuando en cuando, salir por allí a dar un paseo para buscar un escape al aburrimiento o a una pachan­ga que termina en una tremenda borra­chera con gran decepción. Y así va pasan­do la vida hasta que llegamos a viejos, y ya viejos nos sentimos veteranos, nos gusta que nos llamen los bisnietos, que nos digan abuelos, para narrarles nues­tras tristes historias de las cuales nos sen­timos orgullosos, historias corrientes de la vida: “En mis tiempos el presidente fulano de tal hizo tal y cual obra”; para contarles alguna cruenta lucha fratricida en la que tomamos parte, obviamente para documentarla con nuestras heridas de guerra, de las que bien podemos sentimos orgullosos; que murió nuestro hu­mano tal; que nuestro primo perdió su fortuna o de que los tiempos aquellos eran mejores, etc. Al fin, llegó la muerte un día infeliz.

¿Para eso trabajamos tanto?

Afortunadamente en el LOGOS hay algo más, el Sol es compasivo. Si bien es cierto que nos tiene convertidos en unas maquinitas ahí sirviendo a la naturaleza que creó, no es menos cierto que tiene un interés creado también.

El no va a crear una naturaleza, no va a crear una vida orgánica en la costra de un mundo encargada de dar vueltas alrededor del Sol así porque sí. Ningún caso tendría crear un planeta para que girara alrededor de un centro de gravi­tación nada más porque sí, como por vacilar, sin un propósito definido. No tendría caso haber creado este planeta para nada; tiene que haberlo creado para algo. Crear para nada sería, dijé­ramos, la tontería de las tonterías. Yo creo que ni ustedes lo harían. Ustedes no se pondrían a hacer un aparato ahí, y hasta sufrir por el tal aparato; ponerlo en la existencia para nada, para luego destruirlo. Yo creo que tiene un objetivo esta creación. Él cobra un precio, sí y nos exige de verdad por haber creado la delgada película de la existencia orgánica sobre la faz del mundo. Él quiere sacar algo de allí, tiene un interés, y tiene razón además. Él quiere sacar una Cosecha de Hombres Solares; la idea no está mala, pero sí difícil.

Se trata de un ensayo muy espantoso por cierto, y bastante trabajoso en el tubo de ensayo de la naturaleza. Eso es lo que él quiere, crear Hombres Solares.

Me viene a la memoria en este mo­mento Diógenes con su Linterna. Él anduvo un día por las calles de Atenas con una lámpara encendida buscando un Hombre, y no lo halló. Y llegaba a la casa de los Sabios con la linterna, se pa­seaba por las habitaciones con su lám­para buscando en los rincones, en los patios, en los corredores.

— ¿Qué buscas Diógenes? Le decían.

— ¡Un Hombre!

— Pero si las calles están llenas de hombres, las plazas públicas están llenas de hombres.

— ¡Esos no son hombres! Respondió. ¡Son bestias! ¡Comen, duermen y viven como las bestias! Y visitó las casas de los científicos y de los artistas y por donde quiera hacía lo mismo, Es obvio que los enemigos aumentaban a medida que visi­taba casa tras casa, todos se sentían ma­nifiestamente ofendidos con Diógenes, y tenía razón, no lo halló.

Muchos han querido creer que sí lo halló en alguna parte. Partidarios de Marat pensaban que si lo había encontra­do en una cueva, ¡tontería! La verdad fue que no lo halló. Si Marat fue un Hombre, allá Marat. Pero hallar a un Hombre de verdad, en todas partes es muy difícil; no lo halló.

Vivía Diógenes dentro de un tonel; ahí comía y allí existía; ni siquiera tenía casa. Vivía dentro de un tonel, es decir, lo que diríamos nosotros, un recipiente, un barril.

Lo interesante de Diógenes, fue que al tiempo de morir, le isitara entonces, nada menos que Alejandro Magno, aquél que logró colocar a toda Europa, a toda Asia bajo su cetro. Se dio el lujo de co­rrerlo un hombrecillo como Diógenes viviendo dentro de un tonel, se da el lujo de “correr” a Alejandro Magno. Dice en su agonía: “Alejandro, retírate y déjame a solas con mi Sol”. Es decir, con su Dios interno, y a Alejandro no le quedó más remedio que irse, es decir, lo puso de patitas en la calle. Un humilde Hombre como Diógenes poniendo de patitas en la calle a Alejandro Magno, es un lujo que todos no se pueden dar, ¿verdad?

Bien, continuando hacia adelante, llegamos a la conclusión de que Hom­bres auténticos en el sentido de la palabra es muy difícil de encontrar, muy traba­joso.

Afortunadamente el Sol ha deposi­tado en las glándulas sexuales los gér­menes para el Hombre. Podrían desarrollarse tales gérmenes si nosotros cooperamos con el Sol, entonces dejaríamos de ser simples máquinas parlan­tes como actualmente somos, nos conver­tiríamos de verdad en Hombres, en Reyes de la Creación. Pero decir que esta huma­nidad está compuesta por Hombres es exagerar la nota, porque yo entiendo que el Hombre es el amo y Señor, el Rey; así lo dice la Biblia, el Rey de la Creación, creado para gobernar a todas las especies animales, vegetales; para gobernar el mar, el aire, el fuego, y si no es Rey, no es Hombre.

¿Cuál de ustedes puede gobernar a los elementos? ¿Cuál de ustedes es capaz de desatar las tempestades? ¿Cuál de ustedes es capaz de extinguir un in­cendio? ¿Cuál de ustedes es capaz de po­ner en actividad los volcanes de la Tie­rna? ¿Hacer estremecer el mundo? ¿De­satar un terremoto o destruirlo?

Si no somos amos de la Creación, entonces no somos Hombres. Porque está escrito en la Biblia que el Hombre es e1 Rey de la Creación. Así, pues, somos Reyes, o no somos, Si somos víctimas de las circunstancias, si un terremo­to acaba con siete mil personas como sucedió ahora en Europa el siete del presente mes, ¿en qué quedamos? ¡Víctimas de sus circunstancias!.

¿Dónde están los Hombres? Si pueden aplastarnos los elementos de la misma forma en que nosotros aplasta­mos un hormiguero, ¿dónde está la ca­racterística de Hombres que decimos que somos? Realmente por mucho que presumamos de tales, en el fondo no somos más que simples animales condenados a la pena de vivir.

Hay gérmenes aquí en nuestras glándulas, gérmenes que podrían trans­formarnos en Hombres. Esos gérme­nes deben desarrollarse en nosotros. Pueden desarrollarse si cooperamos con el Sol y sus ideas Solares. Para eso es que Él ha creado esta raza. No solamente para que sirva de economía a la naturaleza, uno con el propósito bien definido de sacar una Cosecha de Hombres Sola­res.

En tiempos de Abraham el profeta, pudo el Sol sacar una cosecha hermosa de Hombres Solares. Durante los pri­meros ocho siglos del Cristianismo, se logro otra pequeña cosecha. En la Edad Media, unos pocos. Actualmente se está haciendo el último esfuerzo, pero como quiera que esta humanidad. Perversa del siglo XX se ha vuelto ene­miga de las ideas Solares, terriblemente materialista, mecanicista y lunar en un ciento por ciento, el Sol trata ya de perdida, sacar una cosecha pequeña de Hom­bres Solares. Luego de sacada la Cosecha, destruirá la Raza porque ya no le sirve para el experimento, ya no tiene caso, ya no le sirve a su experimento.

Gente que ya no tiene ningún inte­rés en las Ideas Solares, que solamente piensan en las cuentas de banco, en los flamantes automóviles, en las actrices de Hollywood; gentes que solamente quieren sus acciones pasionarias sexuales, drogas, etc., no sirven ciertamente para el experimento del Sol.

LA CONCIENCIA DE LA NATURALEZA

“Las gentes creen que la naturaleza es algo inconsciente, pero se equivocan. ¡Pobres gentes!”

“¡HIJOS DE LA TIERRA! escuchad a vuestros instructores, los Hijos del Fuego…”

“Reyes y reinas del fuego, criaturas de los bosques... ¡os conjuro!. No hay selva que no tenga su genio... No hay ár­bol que no tenga su criatura, sus poderes y su inteligencia... No hay árbol sin alma... Todo vegetal es el cuerpo físico de una criatura elemental de la naturaleza...”

“Las plantas tienen alma, y las almas de las plantas encierran todos los poderes de la Diosa Madre del Mundo...”

“Las almas de las plantas, son los elementales de la Naturaleza. Estas criaturas inocentes todavía no han salido del Edén, y por lo tanto aún no han perdido sus poderes ígneos...”

“Los elementales de las plantas, ju­guetean como niños inocentes entre las melodías inefables de este gran Edén de la Diosa Madre del Mundo”.

“No hay nada que no tenga alma en esta creación ardiente...”

“Si observamos con los ojos del Es­píritu el fondo ardiente de una roca milenaria, vemos que CADA ÁTOMO ES EL CUERPO FÍSICO DE UNA CRIATURA ELEMENTAL mineral, que lucha, ama y trabaja entre el crepitar ardiente de las llamas universales, anhelando intensamente subir las gradas ardientes del carbón y del diamante, para tener la dicha de ingresar al reino sublime de los vegetales...”

Así, con estos párrafos anteriores nos habla nuestro Venerable Maestro SAMAEL AUN WEOR, en su maravillo­sa obra “Rosa Ígnea”.

Millones de lectores de periódicos rusos recibieron las primeras ideas de que las plantas comunican sus emociones al hombre en octubre de 1970, cuando Pravda publicó un articulo titulado “Lo que nos dicen las hojas”.

“Las plantas hablan... Sí, gritan” declaró el órgano oficial del partido comunista. “Solo que parece que aceptan sus infortunios sumisamente y sufren su dolor en silencio” El reporte de Prav­da, y Chertkov nos dice que fue testi­go de estos acontecimientos extraordi­narios en Moscú cuando visitó, el labora­torio de Clima Artificial, instalado en la Academia de Ciencias Agrícolas de Timiryazev.

“Delante de mis ojos, un tallo de echada gritó literalmente cuando se metieron sus raíces en agua caliente. Es verdad que la “voz” de la planta sólo se registró en un instrumento electró­nico especial de extraordinaria sensibilidad que reveló en una ancha tira de papel “un valle de lágrimas sin fondo” Como si se hubiese vuelto loca, la aguja grabadora describió en las contorsiones de sus trazos sobre la superficie blanca la agonía mortal del tallo de cebada, aunque, limitándose a mirar a la pequeña planta, nadie habría sospechado jamás lo que estaba padeciendo. Mientras sus hojitas seguían erguidas y verdes como siempre, el “organismo” de la planta estaba ya muriendo. Algún tipo de cé­lulas “cerebrales” nos estaba diciendo desde dentro de ella lo que le ocurría”.

Este aparte anterior extraído del libro “La Vida Secreta de las Plantas”, encuentra un complemento formidable con este otro de la misma obra:

“Creyendo que se estaba haciendo sensacionalismo en los periódicos de occidente”, decía el reportero de Izvesti­ya, Matveyev se trasladó a Leningrado, donde se entrevistó con Vladimir Grigorievich Karamanov, director del laborato­rio de Bio-cibernética del Instituto de Agro-física para recabar una opinión autorizada al respecto.

“Según el reportero de Izvestiya, Karamanov mostraba como una planta leguminosa corriente había adquirido algo equivalente a “manos” para indicar a un cerebro instrumental que cantidad de luz necesitaba. Cuando el cerebro mandaba señales a las “manos”, éstas no tenían más que oprimir un conmuta­dor, y la planta podía entonces esta­blecer por propia cuenta la longitud óp­tima de su “día” y de su “noche”. Pos­teriormente, cuando la misma planta había adquirido el equivalente de unas “piernas”, podía instrumentalmente indi­car si necesitaba agua. Acreditándose como un ser perfectamente racional —seguía el reportaje—, la planta no se atragantaba vorazmente de agua sin ton ni son, sino que se limitaba a beber unos dos minutos por hora, regulando la cantidad que necesitaba con la ayuda de un mecanismo artificial”.

“Esto era algo auténticamente sensacional en el terreno científico y técnico — terminaba el artículo —, demostración evidente de las capacidades técnicas del hombre del siglo XX”.

Cuando se le preguntó si creía que Backster había descubierto algo nuevo, Karamanov replicó en tono algo tolerante: “¡Nada de eso! Que las plantas son capaces de percibir el mundo que las rodea es una verdad tan anti­gua como el mismo mundo. Sin percep­ción, no puede haber ni hay adaptación. Sí las plantas careciesen de órganos sen­soriales y no tuviesen medios de transmi­tir y procesar la información con su me­moria y lenguaje propio, inevitablemente perecerían”

El profesor V. N. Pushkin, de la Unión Soviética, doctor en Ciencias Sociológicas, tratando de encontrar un sig­nificado en las reacciones de las flores, escribió:

“Es posible que exista un vínculo específico y positivo entre los dos sistemas informativos, el de las células de las plantas y el del sistema nervioso. El lenguaje de las células de las plantas puede estar relacionado con el de las cé­lulas nerviosas. Estos dos tipos de cé­lulas vivas totalmente distintas parecen ser capaces de “entenderse” recíprocamen­te”,

De la misma obra, entresacamos lo siguiente:

“La magia y el misterio del mundo vegetal que existe tras estas actividades científicas se han convertido también hace poco en el tema de un libro nuevo, titulado Hierba, de un escritor popular eslavófilo, Vladimir Soloukhin, que apare­ció a fines de 1972 en cuatro números de la revista Nauka i Zhizn (Ciencia y vida), que tiene una circulación de tres millones. Nació Soloukhin en una aldea próxima a la antigua ciudad de Vladimir, de Rusia septentrional, y quedó fasci­nado con la exposición que un buen día hizo Pravda del trabajo desarrollado por Gunar, extrañándose mucho de que no hubiese provocado más entusiasmo en sus paisanos rusos”.

Es posible que estén estudiados superficialmente los elementos de la me­moria de las plantas — escribe —, ¡pero por lo menos están en blanco y negro! Sin embargo, nadie es capaz de llamar a sus amigos o vecinos, nadie es capaz de gri­tar con voz de borracho por teléfono: ¿No te has enterado de lo que ocurre? ¡Las plantas son capaces de sentir! ¡Las plantas sienten dolor! ¡Las plantas gri­tan! ¡Las plantas lo recuerdan todo! ¡Las plantas piensan!.

Al empezar Soloukhin a llamar por teléfono a sus amigos, lleno de en­tusiasmo y alegría, se enteró por uno de ellos de que un miembro notable de la Academia Soviética de Ciencias, que trabajaba en Akademgorodok, la nueva población habitada casi exclusivamente por científicos investigadores y situada en las afueras del centro industrial mayor de Siberia Novosibirsk, había dicho lo siguiente:

“¡No se asombren! También noso­tros estamos realizando muchos experi­mentos de este tipo, todos los cuales se polarizan hacia una sola idea: las plan­tas tienen memoria. Son capaces de re­coger impresiones y retenerlas largos periodos. Hicimos que un hombre moles­tase y hasta torturase a un geranio varios días seguidos. Lo pellizcó, lo despedazó, le pinché las hojas con una aguja, echó ácidos en sus tejidos, lo quemé con un fósforo y le cortó las raíces. Otro hombre cuidó con todo cariño al mismo geranio, lo regó, removió y esponjó su suelo, lo salpicó con agua fresca, buscó apoyo para sus ramas, más pesadas y atendió a sus quemaduras y heridas. Cuando aplicamos los electrodos de nuestros instrumentos a la planta, ¿qué creen ustedes que ocurrió? En cuanto el que la había atormentado se le acerca­ba, el punzón grabador del instrumento empezaba a moverse frenéticamente. La planta no se ponía precisamente “nervio­sa”, sino que se asustaba, se horrorizaba. Si hubiese podido, se habría arrojado por la ventana o habría atacado a su verdugo. En cuanto éste se marchaba, y se ponía a su lado el hombre bueno, el gera­nio se apaciguaba, sus impulsos se desva­necían, y el punzón trazaba sobre la cartulina líneas tranquilas, podría decirse que hasta cariñosas”

I. Zabelín, doctor de ciencias geográ­ficas y profesor de la Universidad de Mos­cú, expresó:

“Estamos comenzando nada más a comprender el lenguaje de la naturale­za, SU ALMA, su razón. El “mundo in­terior” de las plantas se esconde a nuestra mirada tras setenta y siete sellos”.


Entre la multitud y el sonido silbante de los efectos relacionados con el entramado que nos une a todos.., una relación que nos convoca a cada uno de nos, pues...

El Triángulo que foguea llamas ardientes entre los 3 ejes del movimiento y se centraliza en una cometida de bellas aguas caóticas que gira y gira sin derramar ni una sola tormenta que nos reconduce al cielo y a la tierra que nos hace Ser, en un libre movimiento que nos depara a todos una bella armonía...

El Triángulo en movimiento, entre llamas acoge a los seres de la tierra fértil y con disponibilidad al movimiento de una tremenda inhalación e exhalación...

Trata de ver con los ojos de la vida misma, pues el Sol, en un reflejo que revela tus mas intimas relaciones contigo mismo.., la Luna acontece los planos mas sutiles y misticos de las densas llamas y corrientes aguaitas de tú propio Ser Interno...

La Tierra convocadora de los siglos.., Madre Intima de cada movimiento que restablece el orden de las masas creadas por el sistemas ordenado de las leyes del mismo Sol, que integra su mismo Sol expandido en si...


El Sol trae la llama del Dragón...!

La Luna, encanta a las Aguas benditas...!

La Tierra, procede con su neutralización...!

1 entra en el 3 y el 3 entra en el 1, justos hacen 1.......







Que tu sangre, sea mi sangre...!
Que tu Dios, sea mi Dios...!

Que todo aquello que te rodea;
como flores en el campo,
sea digno de ti,.. sea algo complaciente,
que tome las formas mas bellas y mas silenciosas para tu espíritu,
que es mi espíritu...

Que la vida,
te acoja en su seno para que la muerte solo sea una transformación hacia algo divino y bello en su movimiento mas exacto de ti...

Que el Fuego de la Divina Madre del Mundo,
sea expuesto en tu labor para que la Luz del Mundo sea atraída por tu caridad y tu belleza...

Que el Fuego serpentino que recorre los lugares mas íntimos de nuestro propio Ser, sea en ti un logro y una exactitud en pleno rendimiento por el Amor a esa serpiente digna de ver, de sentir, de contemplar y Amar en todo su esplendor...

Oh...!!!
Amada...!!!

Es el veneno el que toma mi locura por ti...?

Fuego, arde en mi...!
Agua, que se clarea bajo tu mirada...!
Aire, que a de impulsar el logos...!
Tierra, que forjas el imperio...!

Que el 5 elemento gire y gire sin parar hacia ti, Amada...!!!

Carta del jefe indio Seattle

Carta que el Jefe indio Seattle envió en 1854 al gran Jefe blanco de Washington, en respuesta a la oferta de éste de comprarle una gran extensión de tierras indias y crear una "reserva" para el pueblo indígena.

¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento ni aún el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿cómo pueden ustedes comprarlo?

Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los oscuros bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.

Jefe indio SeattleLos muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas; en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra, puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y así mismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestra hermanas; el venado, el caballo, el gran águila, éstos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.

Por todo ello, cuando el gran jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También el gran jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosotros. Él se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos. Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil ya que esta tierra es sagrada para nosotros.


El agua cristalina que corre por los ríos y arroyuelos no es solamente agua, sino también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada, y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también lo son suyos, y por lo tanto deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. Él no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otros, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga; y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Le secuestra la tierra sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorará la tierra dejando atrás sólo un desierto.

No sé, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena los ojos del piel roja. Pero quizá sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada.

No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera o cómo aletean los insectos. Pero quizá también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido sólo parece insultar nuestros oídos. Y después de todo, ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos.

El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten un mismo aliento, la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire no es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco puede saborear el viento perfumado por las flores de las praderas.

Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo cómo una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir.

¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual. Porque lo que le sucede a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado.

Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos.

Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que una a una familia. Todo va enlazado.

Todo lo que ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con trama se lo hace a sí mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, no queda exento del destino común. Después de todo, quizá seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que Él les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así, Él es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para Él, y si se daña provocaría la ira del Creador. También los blancos se extinguirán, quizá antes que las demás tribus. Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos.

Pero ustedes caminarán hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje con exuberantes colinas con cables parlantes. ¿Dónde está el matorral? Destruido. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia…


El Jefe indio Seattle


Lector, Dios ha permitido que el espíritu médico haya verdaderamente operado a través de Macaón, Podaliro, Apolino, Hipócrates, etc. a fin de que la verdadera medicina, brillando a través de las nubes (pero donde apenas ha podido ser completa y claramente conocida) se presentará a la luz, manifestándose a los hombres. Y por la misma operación, ha prohibido dicha obra al espíritu de las tinieblas que había oprimido y completamente apagado la Luz de la Naturaleza, a fin de que las maravillas reposando ocultas en los Arcanos, las quintaesencias, los magisterios y los elixires, no permanecieran ignorados. Él ha dado, pues, unos medios verdaderos para que, además, la búsqueda de dichos arcanos y misterios sea implantada en los hombres por los buenos espíritus, como también algunos de ellos han recibido naturalezas angélicas de un cielo que ha reconocido a los ángeles.

Hombres de esta clase han podido estudiarla y también su curso cotidiano, ya que estaban dotados de la perfecta inteligencia de la naturaleza más profundamente que los demás: comparar lo puro y lo impuro, separar estas dos cosas y transformar lo puro hasta un puro que para algunos parecería imposible de alcanzar. En efecto, estos, al ser físicos naturales y verdaderos, saben ayudar a la naturaleza por los medios que le convienen y la conducen a su perfecto término gracias a las artes. Por lo tanto, todas las obras imperfectas y diabólicas deben ceder ante estos hombres, como la mentira ante la verdad y la perfección. Digo que debemos hablar según la verdad si queremos llegar a un final feliz. Si está permitido aprehenderla completamente, nadie debe avergonzarse de buscarla donde quiera que esté.

No toméis a mal, pues, que yo también haya amado y buscado a esta verdad. En efecto, debía perseguirla pues ella no me había buscado a mí. Ciertamente, aquel que quiere una ciudad extranjera no debe quedarse en casa sobre un colchón de plumas; sus peras no se asarán solas detrás del horno y no es allí donde se forma el doctor. Ningún cosmógrafo de valor se forma sentado a la mesa, ningún quiromántico en el comedor y ningún geomántico en el dormitorio.
No podemos obtener, pues, la verdadera medicina sin una múltiple búsqueda. Dios forma al verdadero médico pero no sin dificultad, pues dijo: comerás del trabajo de tus manos y esto será bueno para ti (Sal. 127. 2). La vista precede a la verdad, y lo que la vista percibe, alegra o aterroriza el corazón del hombre. Por tanto, para mi no será ni un trabajo ni una deshonra, viajar y adherirme a quienes son de tal manera que los locos los desprecian; a fin de explorar de algún modo lo que se oculta en el limbo de la tierra y desempeñar el oficio de verdadero médico, que es manifestar la medicina según la prescripción divina en beneficio del prójimo, es decir, de forma que no le cause más daño que utilidad, lo que no hará el hombre perezoso.

Por lo tanto, que descanse quien quiera en un lecho de plumas. Mi alegría esta en hacer peregrinaje, en buscar y en ver según el permiso de Dios y del tiempo. Para los lectores cándidos he escrito este pequeño libro, para quienes quieren instruirse y aman la luz de la naturaleza, a fin de que puedan conocer el fundamento de mi verdadera medicina, renuncien a las pamplinas de los cacomédicos y en todas partes puedan defender mis razones contra ellos. ¡De hecho, preveo que serán consideradas como fábulas! En efecto, dichos eminentes colegas han conocido todas las cosas antes que yo y el doctor Asinin, hace mucho tiempo que posee igual número en su bolsa, pero no lo alcanzará fácilmente.

Para comprender este pequeño libro, cabe ser, pues, buen alquimista, a quien los carbones no sean nocivos y que no le agote la humareda cotidiana. Guste a quien guste: yo no violento a nadie. Sin embargo digo: esta cosa no quedará sin dar frutos, a pesar de las críticas y acusaciones de mis cofrades pseudo-médicos.


Manual de la piedra filosofal

Para que Vulcano pueda fabricar la piedra de los filósofos que, por buenas razones podemos denominar Bálsamo perpetuo o perfecto, debemos primeramente saber y meditar como esta piedra puede ser materialmente puesta a la vista y hecha visible y sensible, y también cómo su fuerza o su fuego pueden manifestarse y darse a conocer. Para hablar con más claridad, tomemos el ejemplo del fuego común, veamos cómo manifiesta su fuerza de un modo visible, o sea: primeramente el fuego es arrancado del silex por Vulcano, pero nada puede hacer sin una materia amiga en la que pueda operar, como madera, resina, aceite u otra sustancia parecida cuya naturaleza sea el inflamarse fácilmente. Cuando dicho fuego cae sobre una cosa de este tipo opera de un modo continuo a menos que sea destruido o impedido por su contrario o que carezca de materia para multiplicarse. Si se le suministran madera y cosas parecidas su fuerza va en aumento y así sigue trabajando hasta que ya no se le aporte nada más. En verdad, al igual que el fuego muestra su manera de operar en la madera, así lo hace la piedra de los filósofos o el bálsamo perpetuo en el cuerpo humano. Si dicha piedra está hecha correctamente y por un médico prudente según la medida filosófica y si es seguidamente manifestada con suficiente consideración de todas las particularidades del hombre, entonces renueva los órganos de la vida, tal como la madera puesta sobre un fuego casi apagado lo reconforta y produce la llama espléndida y clara.

Queda patente pues que la materia de este Bálsamo tiene una gran importancia ya que debe estar en singular armonía con el cuerpo humano, pues debe poder ejercer su fuerza de tal modo que el cuerpo del hombre esté a salvo de todos los accidentes que le podrían suceder por parte de dicha materia.

No sólo la preparación de la piedra o Bálsamo es de gran importancia, además y ante todo, el conocimiento de la materia que conviene a esta obra, es necesario saber como prepararla y sobre todo como usar de ella con sobriedad y prudencia, a fin de que dicha medicina sea capaz de purgar todas las impurezas de la sangre y demás superfluidades e introducir la salud en vez de la enfermedad.

El médico verdadero y honesto debe pues poseer una buena ciencia sin ambición ni ostentación, ni recetas dudosas o contrarias y sin demasiada confianza en el apotecario. Debe también tener un buen conocimiento de la enfermedad y del enfermo, sin el cual siempre seréis cuidados de forma siniestra, sin más resultado que el engaño del enfermo y el robo de su dinero, a causa del orgullo y la incapacidad de un médico inepto. He aquí el gran pecado que no permanece impune, ¿acaso no es un crimen voluntario pedir dinero y honorarios por lo que se desconoce y querer ser un maestro, cosa verdaderamente infame? En efecto: muchos enfermos no darían mucha importancia al dinero dado a cambio de una buena consulta, pero cuando no es así, pierden el cuerpo junto a su fortuna y sin embargo el médico no experimenta ninguna vergüenza en hacerse pagar. Lo crea quien lo quiera. ¡De otro modo recompensaría yo a un doctor semejante! ¡Evidentemente entre todos estos médicos que se creen muy sabios, ni siquiera la décima parte conoce correctamente los simples y aún menos saben con certeza hacer una receta y cómo mandar cocer la medicina por el apotecario! También sucede que un doctor de esos prescriba tomar en la farmacia un simple que él no conoce y que el apotecario todavía conoce menos y ni tan sólo posee. Sin embargo se denomina perfecta a esa medicina administrada como buena al enfermo que a menudo la paga bastante cara. Pero el enfermo sufre el resultado: si no le es de ninguna utilidad para su salud solo sirve para llenar la bolsa del doctor y del apotecario. Si el doctor o el apotecario hubieran sufrido la misma enfermedad, no hubiera sido ese el medicamento que hubieran tomado. Se puede, pues, medir todo lo que hay de lamentable y de malo en este modo de actuar y cuan necesario les sería resolver el problema de otra manera, corregir sus errores y seguir un camino mejor. Pero mucho me temo que resulte difícil amaestrar a perros viejos.

Pero volviendo al tema, del que me había apartado un justo celo para con los pobres enfermos abandonados, y para hacerlo correctamente, os diré que nuestra voluntad no es el charlar sobre la Piedra o el vanagloriarnos de ella. Pero dicha piedra debe ser formada a partir de una materia adecuada, bien preparada y prudentemente administrada. Has de saber también que muchos antiguos filósofos han señalado bien esta materia en sus escritos enigmativos y es más, han expuesto la operación en palabras figuradas pero sin desvelarla del todo de modo que esta no permanece oculta para sus hijos, mientras los hombres insípidos no pueden abusar de ella. Pero como pocos discípulos los han seguido en sus enseñanzas aproximándose a la cosa como convenía, estas doctrinas, poco a poco y con el tiempo, se han borrado y en su lugar las fábulas galénicas se han infiltrado. Tal es el fundamento de dichas fábulas, tal es también su consistencia y esta situación va empeorando día tras día. Ya los ves con sus herbarios atormentarse, mezclando Italia con Germania, aunque Germania no necesite hierbas de allá de los mares y que en ella haya suficiente medicina perfecta.

¡Que la verdad no esté, pues, obligada a ceder ante la mentira y que las tinieblas de Galeno y sus cómplices no apaguen ni supriman en medicina la luz de la naturaleza! Por eso yo, Teofrasto, debo hablar en este pequeño tratado no como un medico imaginario sino como un sabio que no se avergüenza de sus actos en medicina y que, por la gracia de Dios, lo ha demostrado gracias a ella en muchos enfermos que tu, galenista, nunca te hubieras atrevido a visitar. Dime pues, doctor galénico ¿de donde mana tu fundamento? ¿No será en el culo donde le aplicas el bocado al caballo? ¿Acaso has curado jamás la gota? ¿Te has atrevido alguna vez a atacar la lepra? ¡Creo que tienes todas las razones para callar y permitir a Teofrasto ser tu maestro! Si verdaderamente quieres aprender, aprende y mira lo que aquí voy a escribir y decirte: ciertamente el cuerpo humano no necesita de la carretilla botánica y menos todavía, en las enfermedades crónicas o duraderas que tu en tu torpeza llegas a calificar de incurables. En efecto, tus hierbas son demasiado débiles para dichas enfermedades, pues por su naturaleza no pueden encontrar su centro. Y tus píldoras tampoco sirven para nada, sino tan sólo para purgar los excrementos y hasta se da que por su inconsecuencia expulsas a menudo lo bueno con lo malo, y esto solo se consigue con grandes perjuicios para los enfermos. Precisamente hay que renunciar a tales píldoras. Tus jarabes también son ineficaces; su nulidad solamente provoca nauseas a quien los toma, a causa de su olor repugnante y nauseabundo, agobiante para el enfermo, produciéndole cólicos, poniéndole en peligro y actuando en contra de su naturaleza. Deja de lado ahora todos tus otros medicamentos absurdos e ineptos pues están directamente opuestos a la naturaleza y no se deben ingerir bajo ningún concepto. Si todo lo que he dicho es cierto, si no es posible encontrar en Galeno, Rhasis o Mesue ningún remedio verdadero que ataque de raíz dichas enfermedades y purgándolas como el fuego que purifica la piel manchada de la salamandra, de ello necesariamente se deduce que la cura de Teofrasto es muy distinta ya que proviene de la fuente natural y sin la cual Teofrasto estaría vergonzosamente mezclado con los demás médicos.

Si queremos pues seguir la naturaleza en el uso de los medicamentos naturales, examinemos entre todas las sustancias empleadas en medicina cuales están en mayor armonía con el cuerpo humano en virtud y eficacia, para mantener su salud hasta el término de la muerte ineluctable. Pensándolo bien, cada cual dirá sin duda que las sustancias que más se armonizan con el cuerpo humano son las metálicas y que los metales perfectos podrían producir en él los mayores efectos proporcionalmente a dicha perfección y, sobre todo, su humor radical. En efecto, el hombre participa también de esta sal, azufre y mercurio que reposan, aunque ocultos, en alguna parte de los metales y sustancias metálicas. Se aplican entonces lo semejante a lo semejante, lo cual es extremadamente útil a la naturaleza. Si se realiza con rectitud es el mayor secreto de la medicina, que hasta podría ser llamado el Arcano. Entonces ¿qué hay de extraño que esto provoque curas excelentes, tan inauditas como inesperadas y consideradas imposibles por los ignorantes? Pero para no hacer más disgresiones, procuraré anotar brevemente lo que he decidido escribir en este librito. En efecto, mi intención es tratar sobre la verdadera medicina de un modo más claro de lo que antes se ha hecho. Primero sería necesario decir, en verdad, como el hombre, lo mismo que los metales, tiñe su origen en el azufre, el mercurio y la sal; pero sin duda, he dado suficientes indicaciones sobre el tema en el Liber Paramirum para que no sea necesario repetirlas. Por lo tanto solo indicaré cómo la piedra de los filósofos puede ser de alguna manera conocida y preparada.

Ten, pues, por cierto que nada hay tan pequeño que pueda permanecer sin forma y que no pueda hacerse alguna cosa de ello. En efecto, todas las cosas están formadas, engendradas, multiplicadas y destruidas en lo que concuerda con ellas: manifiestan su origen de tal modo que se puede percibir lo que fueron en su principio, pues es lo que permanece también en su materia última y lo que se halla mezclado mientras tanto es como una imperfección que la naturaleza mezcla a la generación. Pero si estos accidentes pudieran ser separados por Vulcano con el fin de no tener ya ninguna acción, la naturaleza, entonces, podría ser corregida. Es lo mismo para esta piedra. Si quieres hacerla con su verdadera materia que puedes haber conocido por las particularidades indicadas, debes retirarle sus superfluidades y formarla, como las demás cosas, en su concordancia pues no puede ser hecha sin lo que se armoniza con ella. En efecto, aquí, la naturaleza la ha dejado imperfecta; no ha formado la piedra, pero sí su materia, que está impedida por los accidentes y que no podría hacer lo que puede hacer la piedra después de su preparación. Dicha materia sin preparación es en relación a la piedra como una semi-cosa imperfecta sin ninguna concordancia; no se la puede calificar, por tanto, como perfecta ni útil al cuerpo humano. El microcosmos te da un ejemplo de ello. Observa al hombre formado únicamente como hombre por el artesano mecánico y que por lo tanto no es una obra íntegra y perfecta, pues no se puede mantener en su concordancia; sólo es una semi-obra imperfecta mientras no haya sido formada la mujer semejante a él. He aquí la obra entera. Por otra parte uno y otro no son sino tierra y estas dos tierras forman por fin un hombre completo, capaz de aumentar y crecer, y es la concordancia así formada lo que efectúa lo anterior. Por ello la piedra de los filósofos renovadora del hombre no menos que de los metales, consigue curas admirables en todas las enfermedades, si se la pone en lo que concuerda con ella después de haberle retirado sus accidentes superfluos. Sin esto, todo lo que se intente con dicha piedra es vano. Pero si quieres ponerla en su concordancia, es importante reducirla a su primera materia para que el macho pueda actuar en la hembra, y su parte exterior, interiormente; que la interior por otra parte, esté orientada hacia la exterior, de modo que las dos semillas, la viril y la femenina estén incluidas en su concordancia; que también sean conducidas hacia la mayor perfección y exaltadas en calor por la mediación de Vulcano y que todas las virtudes, como un ser noble, templado y clarificado, se infundan por sí mismas en el cuerpo humano y en los metales para, en ellos, producir la salud; que expulsen las inmundicias por la vía destinada a la expulsión, que atraigan lo bueno de la sangre humana hasta los lugares adecuados mediante la atracción. Así, el microcosmos situado en el limbo terrestre y formado de tierra es conducido por dicha medicina a la salud, como por su semejante, radicalmente, no en imaginación, sino muy certeramente, o conservado en dicha salud. Este es el misterio de la Naturaleza y es un secreto tal que todo médico debería necesariamente saber. Cualquiera nacido de medicina astral puede comprenderlo. Pero para describir con más claridad la materia y la preparación de tan noble medicina, para que los hijos de la doctrina, amantes de la verdad, encuentren su comienzo, habéis de saber que la naturaleza ha dado cierta cosa en la que, como en el interior de un arca, están misteriosamente incluidos 1, 2 y 3 cuya virtud y fuerza son más que suficientes para conservar la salud del microcosmos, hasta tal punto que después de la preparación expulsan todas las imperfecciones. Es la verdadera arma defensiva contra la vejez y la denominamos Bálsamo.

Pero primeramente debes saber en qué sustancia la naturaleza ha puesto un número tal. Sin embargo por muchas razones no puedo escribírtelo con más claridad. Además, Galeno, Rhasis y Mesue no conocieron dicha preparación y sus sucesores tampoco alcanzarán este conocimiento. En efecto, la preparación de dicha medicina es de una naturaleza tal que los comerciantes de píldoras no pueden alcanzarla: ¡la comprenden aún menos de lo que haría una vaca Suiza! Además, sus operaciones son casi celestes y singulares. Purifica y renueva con una casi regeneración, como podrás observarlo a lo largo de mis Archidoxias donde podrás profundizar también en el origen y esencia tanto de los metales como de las sustancias metálicas, y también en su virtud. Quien tenga oídos para oír, que oiga pues y vea si Teofrasto escribe mentiras o dice la verdad, si habla de una vana marmita y por el demonio, como tú, sofista, hablador de paparruchas y rodeado por el diablo, la mentira y las tinieblas; tú, para quien nada es bueno si no es comprensible por tu estúpida cabeza y útil a tu caldo y sin ninguna labor previa. Tuerto como eres, erras como un vagabundo en vez de ir directamente a la ventana de la cocina. Libre eres, pues de enrollar tu hilo embrollado y buscar cerca de un astro tenebroso el centro del laberinto. Me es indiferente. Sin embargo, si un día utilizaras tu olfato, si consideraras atentamente en qué se basa el arte de Teofrasto y por otra parte, la debilidad de tus trabajos reunidos al azar, Teofrasto ya no te sería tan hostil. Las cosas que escribo brevemente ahora y que seguiré escribiendo a fin de que los discípulos astrales puedan recogerlas para regocijarse y ser glorificados por ellas, pueden ser comprendidas también gracias a la labor de cualquiera que no le avergüence instruirse, pues nada hay tan difícil que no pueda ser comprendido y aprendido con el trabajo y el estudio. He aquí la práctica de dicha obra:


Preparación de la materia de la piedra

“Toma electrum mineral en limaduras, colócalo en su esperma (según otros: Júpiter electrum mineral no maduro, ponlo en su esfera) a fin de que sean lavadas su inmundicia y superfluidades, y púrgalo totalmente y cuanto puedas, por el antimonio a la manera alquímica, para no sufrir ningún daño procedente de su impureza. Después disuélvelo en el estómago de un avestruz naciendo en tierra y fortificada en su virtud por la acritud del águila. Cuando el electrum haya sido absorbido y haya adquirido, después de su disolución, el color de la caléndula, no te olvides de reducirlo a esencia espiritual diáfana semejante al verdadero ámbar amarillo. Seguidamente añade águila extendida, solo la mitad del peso del electrum antes de su preparación y de ello separarás varias veces el estómago del avestruz; de este modo el electrum llegará a ser cada vez más espiritual. Por tanto, cuando el estómago de avestruz esté fatigado por el trabajo, será necesario reconfortarlo y siempre separarlo. Por fin, cuando de nuevo haya perdido acritud, aade quintaesencia tartarizada, pero de manera que esté privada de su rojez a cuatro dedos de altura y que esta ascienda con él.”

Repite dicha operación hasta que blanquee por sí mismo. Cuando sea suficiente verás con tus propios ojos como, poco a poco, se acomoda a la sublimación y cuando tendrás esta señal, sublima. Así, el Electrum se convierte en la blancura exaltada del águila y por un pequeño trabajo es conducido a este punto y transmutado. Esto es lo que buscamos para utilizarlo en nuestra medicina. Con ello, puedes proceder con seguridad en numerosas enfermedades rebeldes a la medicina vulgar. Podrás también convertirlo en agua o aceite, también en polvo rojo, y utilizarlo cada vez que lo necesites en medicina.

En verdad te digo que en toda la medicina no hay mejor fundamento que el que se esconde en el electrum. No obstante no niego y hasta lo escribo en mis otros libros, que grandes secretos están también ocultos en las otras sustancias minerales, pero son objeto de un mayor y más largo trabajo, no pueden ser fácilmente empleados como es debido, sobretodo por los ignorantes; si uno de esos lo empleara le sería más perjudicial que útil. Por lo tanto, no es un hecho digno de alabanza que un alquimista cualquiera quiera ejercer el arte médico sin estar bien informado sobre él. Es por ello que fue necesario inventar un medio, una barrera apropiada para rechazar a esos médicos imaginarios. Por otra parte, en lo que me concierne, no llevaré el peso de su culpa ni los reconoceré como discípulos, ya que no siguen la verdad; más bien los considero unos maleantes, unos reconocidos estafadores, vagos que arrancan el pan de la boca a los verdaderos discípulos; dañan adrede a los hombres y hacen caso omiso de la conciencia y del arte. Pero una tan gran virtud curativa para los hombres se esconde en nuestro Electrum preparado, que, en el mundo entero no se podría encontrar una medicina más cierta y notable. Es cierto que algunos doctores galénicos, vendedores de teriaco, lo llaman veneno, denigrándolo no por experiencia sino por soberbia y pura estupidez. También admito que sea un veneno a lo largo de su preparación y ciertamente llega a ser un veneno tan grande, sino más, que la serpiente de Thyr, uno de los ingredientes del Teriaco. Pero aún no se ha demostrado que dicho veneno perdure después de la preparación. Aunque esto sea bastante incomprensible para ciertas cabezas de antílope, la naturaleza siempre tiende a su propia perfección: ¿acaso no podría ser, pues, conducida todavía más hacia la perfección por las artes que le son propias? Es más, hasta admito que el Electrum aún sea un veneno después de su preparación, y ciertamente más violento que antes: pero un veneno que tan sólo tiende a encontrar su semejante para penetrar y expulsar las enfermedades fijas e incurables, actuando no como un mal dañino sino como el enemigo del mal, atrayendo así la materia semejante a él y consumiéndola radicalmente. Lava como el jabón lava las manchas de la ropa sucia, con las cuales él mismo se retira dejando luego tras de sí una ropa pura, intacta, limpia y bella. Eso a lo que tu llamas veneno, posee una eficacia bien distinta y muy superior a la que tiene la manteca de cerdo que habitualmente empleas para tratar el mal gálico, con unciones más frecuentes que las que usa el zapatero para engrasar el cuero. El Arcano que se oculta en dicha medicina posee, en efecto, en sí mismo una Esencia muy proporcionada, excelente, en nada comparable al veneno a menos de comprenderla según lo que he dicho antes. Su virtud y eficacia se diferencian tanto de la plata viva con la que frotas a los enfermos y de tu precipitado como el cielo se diferencia de la tierra. Se le llama pues, y es muy cierto, medicina bendita de Dios y no revelada a todos. En efecto, está mejor corregida que esta droga excremencial que lleva bajo su toga un doctor de majestuoso porte, o que ha filtrado a través de su doble cinta o a través de la caperuza de un necio. Es más, esta bendita medicina posee en todas las enfermedades, cuales quieran que sean sus nombres, una fuerza y una virtud de acción tres veces mayor que las de todos los fármacos con los que siempre te has topado. Pero no es permaneciendo sentado, inactivo y perezoso, que he descubierto esto, ni en el orinal; es viajando, vagabundeando, como dices. He necesitado muchos trabajos y cuidados para aprender a conocer a fin de saber y ya no conjeturar. Pero tú extraes tu medicina de un viejo lecho de plumas, de esta almohada donde reposa la vieja Nigromancia, que inspirándote ha velado tu intelecto celeste con un bonete negro en lo que concierne a la medicina. Por ello, los viajes no me pesarán y seré yo quien siga siendo tu maestro, seguiré las huellas de Macaón, que proceden de la luz de Natura, como la flor abierta a los rayos del sol. Pero para no alejarme del tema y para que esta obra no quede imperfecta, examina en lo que voy a decirte el procedimiento a seguir, con la fuerza y propiedad dadas por la naturaleza a la Piedra filosófica de medicina y observa como se la conduce a su fin.


Sigue el resto de la preparación

Después de haber destruido tu Electrum tal como está dicho, si quieres proseguir, con el propósito de llegar al fin deseado, toma de tu Electrum destruido y vuelto volátil, la cantidad que quieras llevar a la perfección, introdúcelo en el huevo filosófico y sellado lo mejor posible a fin de que nada se evapore. Debe permanecer en el atanor hasta que, sin ninguna adición, comience por sí mismo a resolverse desde lo alto, de modo que pueda verse una isla en medio de este mar, decreciendo día a día para convertirse finalmente en atramento de zapatero. Este atramento es el pájaro que vuela sin alas por la noche y que el primer rocío celeste, por una perpetua cocción, ascensión y descenso, ha transmutado en una negrura cabeza de cuervo, que toma seguidamente el color de la cola del pavo real, después adquiere las plumas del cisne y, por fin, recibe la rojez suprema del mundo entero, signo de su naturaleza ígnea que expulsa todos los accidentes del cuerpo y cura los miembros muertos y fríos. Según los filósofos, esta preparación se hace en un único vaso, un único horno, un único fuego, por un continuo vapor ígneo.

Dicha medicina es pues celeste y perfecta; y como mínimo, puede llegar a ser una luna más que perfecta por su propia carne y su propia sangre, y por el fuego interior orientado hacia el exterior y conducido tal como hemos dicho; por el cual son lavadas todas las manchas de los metales y es manifestado lo que en ellos esta oculto. Esta medicina que, en efecto, es más que perfecta, todo lo puede, todo lo penetra, infunde la salud al tiempo que expulsa la enfermedad y el mal. En toda la tierra, ninguna medicina le es comparable. Ejercítate en ello con inteligencia pues ciertamente te proporcionará ala-banza y gloria: desde entonces ya no serás un médico imaginario, sino conocedor y, es más, te esforzarás en amar a tu prójimo. Pero nadie puede percibir ni comprender un arcano tan divino sin la ayuda divina; y tampoco su inefable e infinita virtud en la cual puede conocerse al Dios todopoderoso.

Pero además debes saber que no puede hacerse ninguna solución de tu Electrum sin que antes haya recorrido perfectamente, por tres veces, el círculo de las siete esferas. En efecto, este número le es necesario, y debe estar completo. Debes, pues, cuidar mucho esta preparación que produce la solución; y para volver volátil y espiritual a tu Electrum glorificado, utiliza el Arcano Tartarizado para lavarlo de las superfluidades que se han añadido a él en el curso de la preparación, sino quieres trabajar en vano. Por lo tanto no quedará nada del Arcano del Tártaro, sólo se procede con él de manera circular y según el número susodicho. De este modo, en el huevo filosófico y por el vapor del fuego, se hace fácilmente y por si misma, el Agua Filosófica que los Filósofos denominan Agua Viscosa, que también por si misma, se coagulará y reproducirá todos los colores hasta que, por fin, queda adornada por el rojo supremo.

Por orden del Poder divino me está prohibido escribir más sobre este misterio. En efecto, este Arte es verdaderamente un don de Dios; por ello, no todos pueden compren-derlo. Dios lo da a quien quiere, y no permite que le sea arrancado por la violencia, pues quiere tener la gloria de este Arte para él solo.

Bendito sea su nombre eternamente. Amén.


Sigue el uso de la piedra


También debemos escribir algo respecto al uso y peso de este medicina. Has de saber pues que su dosis es tan pequeña y ligera que apenas puede creerse: sólo debe tomarse mezclada con vino y demás cosas parecidas, en la más pequeña cantidad posible, a causa de su fuerza celeste, de su virtud y eficacia. Sólo es manifestada al hombre, para que en la naturaleza nada quede imperfecto. Ha sido también preparado y predestinado por Dios que su virtud con el Arcano sea producida por Arte para el hombre, que es la imagen de Dios, y a quien todas las criaturas están obligadas a ser útiles, y para que, ante todo, sea conocida la Omnipotencia de Dios. Por lo tanto, dicha medicina será dada a quien Dios haya dotado de inteligencia. Pero el tosco y necio galenista no podría comprenderla; incluso se apartaría de ella con hastío ya que todas sus obras son tinieblas mientras que esta obra actúa y se realiza en la luz de la naturaleza. Tienes aquí, en breves pero verídicas palabras, la raíz y el origen de toda verdadera medicina, que nadie me podría quitar, a pesar de la rabia de Rasis y de su vergonzosa progenie, y a pesar de la hiel de Galeno. Que se queje Avicena de tener dolor de muelas; Mesúe, medido rápidamente a lo largo y a lo ancho, resultará ser más alto que todos estos y Teofrasto permanecerá en la verdad. Por el contrario todas las obras mancas de los hacedores de ungüentos y todas las preocupaciones de los médicos y boticarios irán de mal en peor con toda su pompa y su fundamento.

Aún me queda algo por decir, pues mi relato parecerá oscuro a muchos:
"Querido Teofrasto, me hablas de un modo muy breve y hasta embrollado, he leído en tus demás tratados cuan claramente expones tus pensamientos y secretos, pero este no me será de ninguna utilidad."

Te respondo que las perlas no deben ser dadas a los cerdos, ni a la cabra una larga cola, pues la naturaleza no lo ha querido así. Es por esto que te digo que a quien Dios dé, ese encontrará con creces y todavía más de lo que quería. He aquí lo que escribo a modo de comienzo. Busca con prudencia, no huyas del estudio ni del trabajo ni de los carbones; no te dejes seducir por la pompa de los charlatanes, ni apartar de la diligencia necesaria. En efecto, mucho se encuentra por continuas meditaciones y ello no quedara sin dar frutos. Queda pues satisfecho con lo que te doy ahora, toma de esta fuente a fin de no tener ya que ir al abrevadero de los comerciantes de píldoras; no tendrás trato con los enterradores, al contrario, podrás servir bien al prójimo y preparar para Dios alabanza y honor. Quien sea un maestro en el estercolero de la conejera se quede así; cerca de el no pueden hallarse ni ayuda ni consejo. Pero yo, he querido describir brevemente estas cosas en este pequeño libro que he hecho sobre la Piedra de los Filósofos a fin de que los hombres comprendan que no es por curas diabólicas que Teofrasto cura a tantos enfermos. Si me sigues rectamente harás como yo, y tu medicina será como el aire que penetra y atraviesa todas las cosas abiertas y que está en todo, expulsando las enfer-medades fijas, mezclándose radicalmente para que la salud siga la enfermedad y sea su sucesora. De dicha fuente, en efecto, mana el verdadero Oro Potable, y en ninguna parte puede encontrarse otro mejor.

Toma esto para ti como una fiel amonestación y no desprecies a Teofrasto antes de saber quien es. No he querido hablar de otra cosa en este pequeño libro, aunque era necesario hablar un poco y filosofar sobre el Oro Potable y el licor del Sol; pero he querido indicar aquí las substancias, que, preparadas como es debido, no son en absoluto despreciables en cuanto a sus virtudes. Mis demás libros hablan mucho de estos secretos y de un modo bastante abierto: es decir de lo que un verdadero médico debiera saber; dejare reposar este tema, esperando que mi libro no quede del todo sin dar frutos y también que sea estudiado por los Hijos de Doctrina.

Que Dios dispense su gracia por su gloria y su honor. Amén.